TE ESPERO | Patricio Sarmiento Reinoso | ECUADOR

por Patricio Sarmiento Reinoso

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Te espero, y escucho un tiempo sonámbulo en esta banca petrificada del parque. Mi silencio se rompe en mi recuerdo obstinado, casi calcinado por el peso de nuestro nudo: nuestra absurda discusión ¿Quieres continuar? Te pregunté.

La ciudad no existe, la luz de la tarde se anula, baja el ocaso suspendido, por el tallo de la noche. Un viejo lee el periódico y masculla zumbidos, yo lo miro reticente de infinito, él nunca sabrá que lo miraba.

Bajo unas ramas, una pareja se apea de sus labios, los miro cavilando acordeones de hueso, como si una hoja esculpiera ventanas, imaginando que podríamos ser nosotros, bajo esa misma rama espesa de fuego.

Los autos palpitan y galopan, sus luces salpican mis encías; baja la temperatura, se enreda en las antenas de los techos remisos, se coagula lentamente la noche sobre sus tejas. Un niño llora por una paleta de viento, su madre impertérrita lo lleva de la mano, obsequiando sus enojos industriales. Qué bella es la inocencia, pienso; el niño llora por trivialidades, yo lloro por conquistar tu transparencia.

Por mi esquina se diluye un tiempo de escalofrío, siento un escorpión en el pecho, mis latidos ladran de miedo e incertidumbre. Un manojo de miradas cuadradas me apuñala, a lo mejor se me nota el humo de las pupilas, o las comisuras hundidas que mutilan el corazón.

Te espero aterido, siento que se aproximan tus ojos de musgo, me desmorono agua deshabitada, piedra que suplica, temblor de liquen y destierro. Te miro lejana, oscura junto a mí, te siento fondo de mar acostado, adusto.

Ya sé cuál será tu respuesta.

ECUADOR ©Patricio Sarmiento Reinoso

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